domingo, noviembre 16

13. Noviembre. 2014. Planetario.

No sé por dónde empezar. Si por el lado de que no dormí ni una hora porque no podía con mi ansiedad, o por el lado de que pasé la tarde más linda de mi vida y, para coronarlo, la noche más perfecta que podría haber pedido. Fue ver a Ivan de Pineda salir, hablar, presentarlos. Mirar a la chica de al lado y ver que estaba a punto de llorar, como yo. Fue ver que ellos salían al escenario y se ponían cada uno en su lugar. No caía, no sabía si era otro de mis sueños, de mis imaginaciones o era de verdad. Cuántas veces me habré imaginado ver a Tom tocar su guitarra mordiéndose el labio como lo hace, a Georg tocar el bajo y que mire de reojo al público y sonría, de ver a Gustav, un poco escondido, pero verlo poner toda su energía (poderoso el chiquitín). Cuántas veces habré soñado e imaginado ver a Bill sonreír de esa manera, de escucharlo decir ''¡Hola Argentina!'' Son incontables. En ocho años siempre fue mi sueño, siempre fue saber que daba lo que sea por ver un show de ellos, de mis héroes. Fue gritar con Love who loves you back, pistolear con Girl Got a Gun (y cagarme de risa cuando Bill se cayó. Quién te manda a ponerte esas plataformas, querido). Fue sorprenderme cuando escuché Louder than Love...y fue que se me ponga la piel de gallina, que una sonrisa se me dibujara en la boca y que no pueda parar de llorar cuando empezaron los primeros acordes de Monsoon...el primer tema que escuché de ellos. Allá por el 2006, 2007 y que me acuerdo patente el momento en que lo escuché porque realmente fue un antes y un después para mí. Fue disfrutar hasta el cansancio de un recital que esperé casi la mitad de mi vida, fue que no me importara estar pegada a la vaya, toda moretoneada y con calambres por estar parada desde las 10 de la mañana. No me importó nada porque los vi y eso es lo que más importa. Fue que terminara el show y ver a lxs chicxs llorando, abrazándose con gente desconocida pero que sabías que te entendía como ninguna otra en la vida. Era llorar porque era verdad, estaban acá, ESTÁN acá. Llorar porque los viste, porque los escuchaste, cantante sus temas (esos que siempre cantabas encerradx en tu habitación), Era llorar porque pasó tan rápido, porque la espera de ocho años valió la pena por esos putos 20 minutos. Era llorar porque, suena exagerado o no, para mí, el 13 de Noviembre del 2014 siempre va a ser una fecha que me va a recordar que cumplí uno de mis sueños. Gracias, Tokio Hotel. No sé, no tengo palabras, solamente sigo llorando mientras escribo esto porque no sé expresar tanta alegría contenida en un solo cuerpo. Gracias, verlos sonreír tan lindo a los cuatro me hizo una de las personas más felices del mundo. Los amo, Kings.

Cumplir un sueño, ése día y ésa noche.





Tokio Hotel en Argentina, sí...fue real.

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